El oficio de vestirse

De repente,

cuando despierto en la mañana

me acuerdo de mí,

con sigilo abro los ojos

y procedo a vestirme.

Lo primero es colocarme mi gesto

de persona decente.

En seguida me pongo las buenas

Costumbres, el amor

filial, el decoro, la moral,

la fidelidad conyugal:

para el final dejo los recuerdos.

Lavo con primor

mi cara de buena ciudadana

visto mi tan deteriorada esperanza,

me meto entre la boca las palabras,

cepillo la bondad

y me la pongo de sombrero

y en los ojos

esta mirada tan amable.

Entre el armario selecciono las ideas

que hoy quiero lucir

y sin perder más tiempo

me las meto en la cabeza.

Finalmente

me calzo los zapatos

y echo a andar: entre paso y paso

tarareo esta canción que le canto

a mi hija:

“Si a tu ventana llega

el siglo veinte

trátalo con cariño

que es mi persona”

Carranza, María Mercedes

 

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